Los menores acuden por su propio pie con la delincuencia o son reclutados.
He comentado en este espacio la situación de la niñez ante la inseguridad que se vive en el país desde hace por lo menos un lustro; ahora veamos las cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas que nos dicen algo sobre el humanismo mexicano:
Desaparición de jóvenes: entre 2019 y 2024 se registraron 46 mil 660 denuncias por desaparición de jóvenes de 19 a 29 años, con un promedio superior a siete mil 700 casos anuales. De ese total, 18 mil 381 expedientes permanecen vigentes, es decir, jóvenes cuya localización sigue siendo desconocida; tres mil 152 fueron encontrados sin vida.
Para entender la magnitud de los datos tenemos que, en 2018, último año del sexenio del presidente Enrique Peña, se reportaron cinco mil 069 desapariciones de jóvenes. La tendencia en 2025 no ha mejorado, se registraron nueve mil 896 denuncias por desaparición de jóvenes y los casos vigentes suman cuatro mil 346 expedientes, equivalentes al 44% del total.
Lo anterior se relaciona con la dinámica criminal, al respecto tenemos:
Edad: la Red por los Derechos de la Infancia en México dice que la edad de inicio de los menores en la delincuencia es entre nueve y diez años, incluso se han encontrado a menores de seis años; hace un lustro era entre 12 a 15 años.
Carrera criminal: los menores funcionan como informantes desde los nueve años; a los 12, ya que conocen la estructura criminal, son vigilantes en las “casas de seguridad” para secuestrados y; con un entrenamiento previo entre los 14 y 16 años se “gradúan” como sicarios o encargados de una “tiendita” de droga.
Narcocultura: determina pautas a seguir y moldea la identidad y personalidad; los cárteles hacen uso de las creencias religiosas para fortalecer los lazos entre sus miembros y el consumo de drogas ilícitas los vincula con la niñez.
Educación: la niñez deja sus estudios antes de ingresar a la delincuencia. Cuando se cancelaron las estancias infantiles muchas madres trabajadoras no pudieron cuidar a sus hijos, lo que facilitó que la delincuencia aprovechara esa situación.
Inseguridad: se sabe que la niñez se arma para proteger a sus familias: 15 niños y cinco niñas fueron presentados como policías comunitarios de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias, en Ayahualtempa, Guerrero. https://www.elsiglodedurango.com.mx/noticia/2024/video-arman-a-ninos-contra-el-crimen-en-guerrero.html
Las familias no saben de sus jóvenes o menores de edad porque se hayan escapado para disfrutar el dinero que se les da por no tener empleo o por becas, sino que desaparecen porque son reclutados por los criminales o son asesinados.
En la entrevista a “Marcola”, líder del Primer Comando de la Capital en San Paulo, se lee: “Está delante de una especie de post miseria. Eso. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio”.


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